Descubiertas nuevas claves sobre cómo la obesidad podría favorecer la aparición de cáncer

La obesidad es, por desgracia, uno de los problemas más extendidos en los países del primer mundo. Los cambios en el modo de trabajar, el tipo de ocio que consumimos y los hábitos diarios en general están provocando que cada vez seamos más sedentarios y consumamos más comidas preparadas. Muchos de estos alimentos precocinados, así como la bollería industrial y los refrescos contienen un número alto de calorías que luego no quemamos a lo largo del día, por lo que nuestro cuerpo almacena ese exceso de energía en forma de grasas, repercutiendo negativamente en nuestra salud.

La obesidad supone un factor de riesgo para muchas enfermedades ya conocidas, como la diabetes, la apnea del sueño, la osteoartritis o las de índole cardiovascular, por enumerar algunas. Lo que mucha gente desconoce es que también puede favorecer la aparición de más de doce tipos de cáncer, debido a las alteraciones fisiológicas y metabólicas que produce.

La obesidad perjudica el trabajo del sistema inmunitario

El sistema inmunitario es uno de los pilares de nuestra existencia como organismos multicelulares: se encarga de coordinar una respuesta defensiva frente al ataque de bacterias, hongos, virus, cuerpos extraños e incluso nuestras propias células, que en algunos casos tienen dañado el sistema de “autodestrucción” programado en su ADN y necesitan de una “ayudita” para no crear problemas al resto del cuerpo.

A lo largo de los años, los investigadores han intentando descubrir qué procesos relacionados con la obesidad podrían favorecer la aparición y crecimiento de los tumores, habiendo identificado con éxito que algunos cambios metabólicos, así como la inflamación crónica que se produce, son los responsables de la actividad carcinogénica.

En un estudio que utilizó como modelo al ratón, y que fue llevado a cabo por la Escuela Médica de Harvard, descubrió que la obesidad proporciona a las células tumorales la capacidad de emplear más recursos energéticos que las células del sistema inmunitario, ya que las primeras son capaces de “reprogramar” su metabolismo para adaptarse al consumo de lípidos, mientras que los linfocitos T citotóxicos (unas células inmunitarias encargados de eliminar células del cuerpo infectadas o que funcional mal) no son capaces de seguirles la marcha, aunque esto solo ocurre en la zona del tumor.

Este descubrimiento es bastante relevante, ya que los linfocitos T CD8+ (citotóxicos) son la principal línea de defensa del cuerpo frente a los tumores, por lo que centrar los futuros estudios en encontrar métodos para bloquear este cambio de metabolismo podrían mejorar el diseño de tratamientos personalizados para gente que sufre de obesidad.

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