Iván, en tratamiento de quimioterapia

Hola a toda la comunidad guerrera. Mi nombre es Iván, soy de Bogotá, Colombia, tengo 33 años y luego de más de un año de vueltas, diagnósticos errados, un par de cirugías y mucha tortura psicológica, inicié mi tratamiento quimioterápico. Mi familia y amigos han estado presentes todo el tiempo, e incluso he restaurado relaciones que por diversas causas se habían deteriorado.
Siempre he llevado una vida relativamente saludable. He hecho ejercicio, nunca fui fumador empedernido, me alimenté con una dieta variada y casera, que complementaba con comidas fuera y un gusto especial por la «chatarra».
Por el momento llevo tres sesiones de quimioterapia de un mínimo de doce programadas. Debo decir que ya me rasuré la cabeza, pues el pelo se empezó a caer mucho y estoy seguro que el golpe psicológico de verse diferente ha de ser complicado.
En mi persona los síntomas se manifiestan dos días después de administrado el tratamiento. Siento resequedad en piel y boca, sed, náuseas y mareos; y una debilidad que comparo como estar suspendido en una especie de sueño lúcido. Pero también me dan antojos de comida (los buñuelos se han convertido en mi desayuno casi diario). Las frutas son mis mejores amigas, junto con el batidor para hacer licuados. He encontrado tanta información contradictoria sobre qué comer y qué no comer, que estoy llegando a la conclusión de que debemos comer casi que lo que se nos atraviese.
Yo, personalmente he dejado de lado los lácteos al máximo. Muy poca carne roja, cero carne de cerdo, más pescado, aunque me han advertido de no consumir atún enlatado por aquello de los conservantes. He aumentado significativamente el consumo de frutas y permanezco con una botella de agua todo el día.
He notado que el ánimo se ve seriamente afectado también por el tratamiento. A veces me pongo tristísimo en cuestión de momentos. Y es que para una persona que, como yo, ha dedicado su vida a caminar en altas montañas, a considerarse fuerte y saludable, a ser el bastón física y anímicamente de muchos, resulta muy duro sentirse vulnerable y débil.
Pero no debemos olvidar que es parte del proceso. Que es una situación temporal, y que si nosotros mismos no encontramos el camino, nadie lo va a hacer por nosotros. Es parte de nuestra lucha, guerreros, guerreras. Es nuestra prueba de fuego, aquella que Dios o Vishnú o Buda o Mahoma o el Cosmos, o lo que sea, nos puso al frente, porque somos sus mejores guerreros. Y es nuestro deber encontrar el camino por nuestra cuenta, mas nunca solos. Así que, colegas, a comer y reír, a trabajar y hacer ejercicio (cuando sea posible), que la cosa es temporal, y está en nosotros mismos seguir adelante o tomar la nefasta decisión de rendirnos.
Abrazos y que la Fuerza nos acompañe.

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