Cremas solares: indispensables para protegernos contra el cáncer de piel

El cáncer de piel es uno de los temores más duros de afrontar, especialmente ahora que llega el tiempo de pasar horas bajo el sol. La playa, el estío y las vacaciones nos exponen a muchas horas de luz solar, algo que puede poner en peligro la salud de nuestras células de la piel. Para evitarlo, es crucial no subestimar el poder de las cremas solares.

Cáncer de piel, un mal que hay que conocer

Cuando recibimos la radiación del sol, en forma de rayos ultravioleta (o UV), nuestra piel nos protege de su poder para evitar que cause daños graves como mutaciones y quemaduras. Este sistema de defensa consiste en segregar melanina, una sustancia oscura que ayuda a absorber la radiación y disiparla en forma de calor. Sin embargo, todo tiene su límite, inclusive el poder protector de la piel.

En un momento dado, incluso estas células especiales preparadas para defender la piel, conocidas como melanocitos, también reciben daño y pueden convertirse en células tumorales. Los lunares se forman en estos casos, por ejemplo. Algunos, sin embargo, pueden resultar malignos y provocar cáncer de piel. Existen tres tipos de cáncer de piel básicos: el carcinoma de células basales, el carcinoma de células escamosas y el melanoma.

De estos, el menos frecuente es, precisamente, el melanoma, pero también es el más agresivo de los tres, por lo que hay que controlarlo adecuadamente. Para poder prevenir su aparición, al igual que el de los otros dos, no hay nada más efectivo que protegernos contra el sol. Aquí es donde entran las cremas solares.

Cómo escoger una crema solar adecuada

Existen diversos tipos de cremas solares, aunque su función siempre consiste en captar parte de la radiación, al igual que los melanocitos, y disipar su energía. Para ello pueden ser físicos, tapando parte de la radiación, y químicos. Los más efectivos son aquellos que mezclan ambas acciones. ¿Y qué hay del factor de protección? Este indica cuánto tiempo puede permanecer la piel expuesta al sol antes de comenzar a sufrir daños.

Cuanto mayor es el factor (o SPF), más tiempo puede permanecer una persona bajo el sol, aunque son números orientativos y no se puede saber con exactitud la efectividad con la que actuarán porque depende mucho de las condiciones. En general, los dermatólogos aconsejan factor 50 o más. Esto asegura un mínimo de protección en casi cualquier situación, aunque los efectos desaparecen con el tiempo.

Aunque se puede permanecer con factores menores del 50, no es aconsejable excepto si es para periodos muy cortos de tiempo. Al fin y al cabo, la crema solar tiene como objetivo proteger la piel contra el cáncer. No tiene sentido boicotear voluntariamente dicha protección, y menos cuando es el cáncer el que está en juego.

Bibliografia

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