Tras la clave del tratamiento contra los cánceres más agresivos: la inmunoterapia

La prestigiosa revista Science escogía a la inmunoterapia como el avance científico más importante en 2013. Y el año pasado obtenían el nobel de medicina sus “padres”,  James P. Allinson y Tasuku Honjo.

El significado tras esta gran palabra se puede simplificar en medicamentos que refuerzan las defensas naturales del cuerpo. Es decir, fármacos que centran sus esfuerzos en fortalecer el sistema inmunológico, el cual que protege de las amenazas externas e internas.

No es una pócima mágica ni una panacea. Pero en pocos años sus buenos resultados le han llevado a sobresalir vertiginosamente del resto de tratamientos.

¿Qué hace especial a la inmunoterapia?

A veces las células tumorales se disfrazan e impiden al sistema inmunológico reconocerlas como tal. De este modo, eluden esta defensa biológica para ser libres y proliferar. Desde la inmunooncología estudian cómo adquieren esta “invisibilidad” y cómo evitar que lo hagan.

Para ello se desarrollan estos medicamentos, capaces de modular o incluso eliminar el mecanismo de evasión. Por lo que vuelven a ser visibles y, por tanto, detectables para ser eliminadas. 

Uno de sus puntos fuertes es que ataca desde dentro. En cambio, la quimioterapia, radioterapia o la cirugía actúan externa y directamente sobre el tumor.

En definitiva, refuerza un sistema que toda persona posee y aumenta la calidad de vida, ya que sus efectos secundarios son menores que los de la quimioterapia o radioterapia.

Como contrapunto, de momento, solo pueden medir su eficacia a corto plazo y su aplicación está limitada a el 25% de los cánceres. Tampoco se sabe con exactitud por qué funciona mejor en unos pacientes que en otros, las resistencias que presentan algunos tumores o los efectos de sobreestimular al sistema inmunológico. 

Pero si retrocedemos hasta 2011, se cuentan solo ocho años desde el primer fármaco (aplicado para el melanoma metastásico). Por lo que, a pesar de los prometedores acelerones, la situación es inseparable de su novedad. 

Mucho más que reforzar las defensas

Su papel diferencial se puede ilustrar con algunos de sus últimos logros. Y es que con su nombre ha firmado algunas de las mejores supervivencias en tumores agresivos con mal pronóstico.

En el congreso de el congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) se ha presentado algunos de estos pequeños grandes hitos. Por ejemplo, una nueva vía para combatir el cáncer de pulmón de células pequeñas, combinando la quimioterapia con atezolizumab lo que reduce el riesgo de muerte hasta un 30%.

Otro estudio, también presentado en ESMO, constataba un salto cualitativo frente a uno de los peores cáncer de mama, el triple negativo. En el que añadir pembrolizumab a la ecuación mejoraba hasta un 15% las posibilidades de supervivencia. 

Lo mismo sucede con el cáncer de vejiga metastásico (el cuarto más común en hombres). Como en los otros estudios, la combinación es la clave y logra aumentar la Supervivencia Libre de Progresión (SPL) en dos meses más (en comparación con el tratamiento tradicional de quimioterapia).

La también denominada terapia biológica no es todavía la puerta a la cronificación de esta enfermedad. Y todavía depende de muchos factores, como la optimización de los recursos o la inversión. Pero en ocho años ha logrado alterar  situaciones que durante 30 habían permanecido estáticas.

Bibliografía

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