Transparencia en el coste de los tratamientos: la relación entre industria y administración

En una reciente entrevista concedida a El País, Tasaku Honjo, uno de los padres de la inmunoterapia,  resaltaba el alto coste de uno de sus últimos fármacos desarrollados. Una problemática de muchas aristas y múltiples agentes.

Estos costes se han multiplicado en la última década, y Honjo subraya que no son los investigadores los que fijan el precio. En España, aunque los tratamientos específicos son subvencionados por la Seguridad Social, existen nuevos fármacos inasequibles para el sistema.

Algunos de los factores que ilustran esta cuestión son el particular y complejo proceso de desarrollo, la falta de inversión pública y la relación entre la industria y lo público. 

Los medicamentos para el cáncer no han parado de subir de precio, tal y como afirmaba el estudio realizado por “No es Sano”. Esta plataforma da voz a organizaciones como la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) o la OMC (Organización Médica Colegial de España). 

La falta de inversión en I+D de Biomedicina es una de las grandes trabas, al igual que ocurre con los criterios criterios objetivos y  de transparencia. Para que el precio final del medicamento fuese independiente del coste de la investigación, la financiación debería ser predominantemente pública. 

En contraposición, la empresa Farmaindustria defendía que los costes se mantienen estables desde 2009 y son sostenibles para el sistema. Además, según la compañía, suponen solo el 10% del gasto farmacéutico público. 

Cuestión de opacidad y confianza

Sin embargo, en un sistema público con capacidad económica finita, la opacidad en el coste de los medicamentos es una mina que no se puede sortear. Los entresijos entre esta industria y el sector público continúan sin estar claros.

Es el caso del tratamiento de Kymriah, que analiza la periodista científica Angela Bernardo. El coste real de esta terapia desarrollada por Novartis, asumido las administraciones, habría sido negociado en secreto.

La periodista destaca que sí se publica el coste máximo fijado, pero no el precio real que se paga a los laboratorios. La farmacéutica ha recurrido a los tribunales para no tener que revelar datos económicos y clínicos de la financiación pública del Kymriah.

Desde una perspectiva global, la OMS (Organización Mundial de la Salud) señalaba también una evolución incontrolada y dispersa de los precios. Por lo que era necesario que Gobiernos y farmacéuticas redefiniesen un sistema de fijación de coste más justo.

En este caso, al igual que Farmaindustria, IFMA (Federación Internacional de Fabricantes y Asociaciones de Productos Farmacéuticos) consideraba sesgado el análisis por falta de información complementaria.

Finalmente, a pesar del descontento mostrado, la OMS acordaba en la 72º Asamblea Mundial de la Salud que las farmacéuticas no estaban obligadas a publicar su margen de beneficios.

Bibliografía

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