Reprogramando las células T para que entreguen medicamentos contra el cáncer

Hemos hablado en otras ocasiones sobre las células CAR-T, una de las técnicas más novedosas que se encuentran en desarrollo en la actualidad para combatir la propagación y crecimiento de los tumores. Como breve recordatorio podríamos decir que dicha terapia consiste en la extracción de linfocitos T del propio paciente (unos glóbulos blancos que juegan un papel indispensable en la defensa de nuestro cuerpo) y su posterior modificación genética mediante vectores retrovirales, con el objetivo de que expresen unas proteínas de superficie capaces de reconocer y atacar a las células tumorales.

CAR-T suele funcionar mejor en tumores sanguíneos, como los cánceres derivados de células B, algunas leucemias, etc. No obtiene tan buenos resultados sin embargo cuando se enfrenta a tumores sólidos, ya que el microclima que éstos crean en su interior inhibe la actividad de las células T. Otro inconveniente a destacar es que en ocasiones las células tumorales dejan de producir el antígeno para el que las CAR-T habían sido específicamente diseñadas, lo cual destruye por completo la efectividad del tratamiento.

No obstante, a un grupo de científicos del Sloan Kettering Institute se les ha ocurrido darle un nuevo giro de tuerca al asunto, rediseñando la terapia para conseguir que las células CAR-T actúen como una especie de “microfarmacia”. Según cuenta el científico David A. Scheinberg, a estas nuevas células se les habría puesto el apodo de SEAKER (buscador en español), un juego de palabras que se obtiene de las siglas de la frase “Células asesinas armadas con enzimas sintéticas” en inglés. Las células SEAKER están diseñadas para activar un medicamento tóxico directamente cerca del tumor, destruyendo tanto la célula que contiene el marcador de interés como aquellas que se encuentran a su alrededor, lo tengan ellas o no.

El medicamento en cuestión se llama AMS, una sustancia tan potente que no se puede inyectar directamente en el torrente sanguíneo del paciente. Sin embargo el truco estaría en administrar en su lugar un precursor, que estaría compuesto por el AMS y por otra molécula que inhibiría su función mientras las dos se mantuviesen unidas. Las CAR-T estarían diseñadas no solo para reconocer las células tumorales sino para producir la enzima que separa ambas sustancias, provocando un efecto localizado del AMS y evitando en lo posible la toxicidad en otras áreas corporales.

Biblografía

  • Gardner, Thomas J., J. Peter Lee, Christopher M. Bourne, Dinali Wijewarnasuriya, Nihar Kinarivala, Keifer G. Kurtz, Broderick C. Corless, et al. «Engineering CAR-T Cells to Activate Small-Molecule Drugs in Situ». Nature Chemical Biology 18, n.o 2 (febrero de 2022): 216-25. https://doi.org/10.1038/s41589-021-00932-1.
  • Zhang, Cheng, Jun Liu, Jiang F. Zhong, y Xi Zhang. «Engineering CAR-T cells». Biomarker Research 5, n.o 1 (24 de junio de 2017): 22. https://doi.org/10.1186/s40364-017-0102-y.

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