Qué relación tiene la carne procesada con el cáncer

Desde hace algunos años, el consumo de carne llevado a cabo por los seres humanos está siendo más que cuestionado, siendo especialmente delicado el sector de las carnes procesadas. Ya sea por motivos éticos o por cuestiones medioambientales, la evidencia científica actual parece indicarnos que debemos controlar el consumo de carne procesada por diversas razones, entre las que destacan una posible relación entre su consumo y ciertas enfermedades como el cáncer.

La polémica se desató en el año 2015 cuando la OMS anunció que la carne procesada era carcinógena, al ser incluida por la IARC en el llamado grupo 1 de agentes carcinógenos. Esta información, lejos de afirmar de forma inequívoca que el consumo de carne provocaba cáncer, manifestaba la seguridad que tenemos en base a la evidencia científica sobre la relación existente entre la carne procesada y el cáncer.

A raíz de este informe, muchas han sido las indicaciones sanitarias recomendando una disminución en el consumo de carnes procesadas. Pero, ¿realmente existe un motivo científico para reducir su consumo?

¿Qué es la carne procesada?

Según la legislación actual, cuando hablamos de carne procesada nos referimos a los “derivados cárnicos”, productos alimenticios preparados total o parcialmente con carnes de especies animales aptas para el consumo, como por ejemplo cerdo, cordero, pollo o vacuno.

Dentro de este grupo podemos encontrar desde los conocidos embutidos, como el salchichón o chorizo, cuya clasificación real es derivados cárnicos crudo-curados, hasta otros productos como la pechuga de pavo, o el chopped, siendo estos últimos los llamados derivados cárnicos tratados por calor, y pudiendo ser calificados también como fiambres si el porcentaje de carne es muy bajo.

Consumimos demasiada carne procesada

Según datos del Informe de Consumo Alimentario en España, el consumo medio por persona y año en 2018 de carne fue de 46,19 kilos, siendo de estos 11,61 kg carne procesada. Por otro lado, el consumo de legumbres, un grupo de alimentos nutricionalmente muy similar a la carne y con menos problemas medioambientales en cuanto a su producción, fue tan solo de 3,20 kilos.

A pesar de que este informe nos muestra una tendencia de reducción en la demanda de carne, el grupo de carne procesada ha logrado un incremento en el consumo del 1,5% respecto al año anterior, 2017.
Todavía queda mucho por investigar sobre la relación entre el consumo de carne procesada y el cáncer. Por el momento, debemos recomendar desde el punto de vista sanitario reducir las carnes procesadas de nuestra dieta, puesto que, aunque desconocemos los mecanismos concretos, tenemos la certeza de que existe una relación entre el consumo de la misma y el cáncer.

Bibliografía

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