Por qué el deporte es el mejor aliado contra el cáncer

Hábitos como largas tardes frente a la televisión forman parte de los factores de riesgo para padecer cáncer. El perjudicial (y evitable) sedentarismo está relacionado con más de 13 tipos de cáncer diferentes

Su opuesto, la actividad física es indispensable para mantener el equilibrio y fortalecerse contra las adversidades. Los beneficios del deporte para disminuir el riesgo van desde reforzar el sistema inmunitario hasta la reducción de la inflamación o  la fatiga.

Para alcanzar este estado de salud deseado se recomienda, en adultos, 150 minutos de actividad física aeróbica de intensidad moderada; o 75 minutos de intensa. Para niños y adolescentes, no menos de 60 minutos diarios.

Ejercicio seguro durante la enfermedad

La quimioterapia, radioterapia o la cirugía afectan al organismo, desde el corazón al pulmón. Durante el tratamiento oncológico, se va perdiendo fuerza para dar paso a fatiga o debilidad muscular. 

Si antes se pensaba que podía ser perjudicial, ahora en el deporte se han observado cómo sus principios activos ayudan a contrarrestar esta situación.

Recientemente, la  GEICAM de Investigación en Cáncer de Mama aunaba fuerzas con los profesionales del Ejercicio Físico Oncológico. El objetivo no es otro que la promoción del también llamado ejercicio físico oncológico. 

A través de pautas, control y personalización del deporte por un profesional, se ayuda a reducir y prevenir los efectos secundarios de los tratamientos. Y es que, según esta asociación, más del 13% de los casos de cáncer de mama podrían evitarse gracias al ejercicio físico. 

¿Es recomendable actividad física para los supervivientes?

Las investigaciones señalan que el deporte favorece cuestiones como el peso, la calidad de vida o, incluso, el pronóstico. Fundamentalmente, se ha comprobado en el cáncer de mama, próstata o colorrectal. 

Sobre la calidad de vida, no solo recomiendan la actividad física para el dolor o el cansancio, sino también para cuestiones psicológicas como el bienestar emocional o la ansiedad.

Incluso la evolución, recurrencia y supervivencia se asocian a mejores resultados concretos para varios tipos de cáncer. Entre ellos, el de seno, el colorrectal y el de próstata.

Por ejemplo, se encontró que las mujeres que hacían ejercicio moderado (caminar 3-5 horas por semana) tras el diagnóstico tenían hasta 50% menos riesgo de recurrencia.

En definitiva, hay que moverse antes para prevenir, durante para mejorar la capacidad inmunológica o capacidad física, y después para mantener una  condición óptima. No se trata de maratones imposibles, sino de sustituir rutinas de sofá por sencillas caminatas que alargan el camino y la vida.

Bibliografía

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