Más cerca de desvelar el misterio de la “materia oscura” del ADN

El cuerpo humano es una máquina compleja que encierra multitud de secretos, algunos de los cuales se van descubriendo conforme las técnicas de investigación mejoran con el paso de los años. Una parte especialmente difícil de descifrar del mismo es el código genético, constituido por moléculas formadas por largas cadenas de ADN que llevan grabadas las instrucciones de cómo deben formarse y funcionar todos nuestros órganos y sistemas.

Por eso mismo, la genética es un campo de estudio relativamente joven dentro de la biología, ya que hasta hace poco menos de 70 años no se sabía para qué servían esas cadenas que se encontraban encerradas en el núcleo de las células.

Hoy en día sabemos que el ADN tiene múltiples funciones, siendo, quizás, la más conocida la de traducirse. Este proceso conlleva que el ADN se transcriba primero en una molécula “intermedia” químicamente muy similar a la que llamamos ARN, que posteriormente se traducirá, gracias a los ribosomas, en proteínas. Las proteínas, simplificando mucho la explicación, son las herramientas que la célula utiliza para poder llevar a cabo todas sus funciones.

No todo el ADN codifica proteínas

Hasta aquí toda la historia que hemos contado está entre lo más conocido sobre el ADN. Sin embargo, nada es tan sencillo como parece, ya que conforme el genoma humano iba siendo secuenciando, los científicos se percataban de que la mayoría del código genético (las últimas estimaciones hablan del 98%) no se traduce en proteínas, y, sin embargo, gran parte de él sigue siendo “copiado” a ARN.

Estas largas cadenas de ARN no codificante, conocidas como la “materia oscura” del ADN, tienen funciones diversas, la mayor parte de ellas todavía desconocidas. Sí se sabe, sin embargo, que algunas juegan un papel fundamental en tareas de regulación de otros genes, desarrollo del individuo e incluso en algunas enfermedades.

Un estudio llevado a cabo por investigadores de la escuela médica Duke-NUS en Singapur está tratando de averiguar el rol de estos ARNs en el desarrollo del cáncer de páncreas. Los resultados parecen revelar una relación entre la vía de señalización conocida como Wnt y la transcripción de los mismos, lo cual es un hallazgo revelador puesto que Wnt es conocida por su implicación en el crecimiento de algunos tipos de cáncer de páncreas.

Durante la investigación, se logró modificar la expresión de estos ARNs e inhabilitar la vía Wnt mediante herramientas como CRISPR y un compuesto llamado ETC-159, lo que tuvo como resultado la modificación del crecimiento de las células tumorales. Esto demuestra que este campo de estudio tiene mucho futuro, y con un poco de suerte dentro de unos años encontraremos gracias a ello nuevos puntos débiles para poder vencer al cáncer.

Bibliografía

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