La leucemia, “el cáncer de la sangre”, es genética, pero no hereditaria

La leucemia es el cáncer más común en niños y supone alrededor del 33% de todos los casos. La médula ósea es un tejido que se encuentra en el interior de algunos huesos, y contiene células inmaduras que dan lugar a las sanguíneas. En concreto, las denominadas células madre hematopoyéticas se dividen para obtener glóbulos blancos, glóbulos rojos y plaquetas o trombocitos.

La leucemia se origina cuando esta “fábrica” falla y produce de forma descontrolada células dañinas, que colapsan la producción normal, invaden la sangre y pueden propagarse a otros órganos. Según la Asociación Americana Contra el Cáncer (ACS por sus siglas en inglés), las formas tempranas de glóbulos blancos son las que con más frecuencia dan lugar a la leucemia. 

El denominado cáncer de la sangre es genético pero no hereditario. Es decir, está vinculado con mutaciones en el ADN de las células, pero estos cambios normalmente no se adquieren de los progenitores. 

El ADN de las células contiene los genes que controlan su funcionamiento, desde el crecimiento a la división. Cuando la célula se divide y tiene que hacer un copia de sus cromosomas pueden suceder errores que afecten a los genes. Y estos cambios son los que pueden determinar el desarrollo de las células leucémicas.

Los factores de riesgo 

La causa es todavía desconocida, pero se han establecido algunos factores de riesgo que aumentan la probabilidad (no la causalidad). Entre ellos se incluyen ambientales como la radiación o la exposición a ciertas sustancias químicas. Sin embargo, no existe correlación con la radiación electromagnética de móviles, antenas o radio.

Asimismo, se asocia a algunos trastornos genéticos como el Síndrome de Down o Li Fraumeni. También se relaciona con determinadas afecciones hereditarias del sistema inmunitario. Aunque no sucede en la mayoría de casos, tener un familiar cercano de primer grado incrementa la posibilidad de padecerla.

Entre los diferentes tipos de leucemia, la linfocítica aguda es la que más afecta a los niños, mientras que la linfocítica crónica y la linfoblástica aguda a los adultos. Del mismo modo, la incidencia es mayor en los hombres y en las personas de raza blanca.

En cuanto a los factores de estilo de vida, sí podrían influir en el caso de los adultos, por lo que hay que evitar el tabaco, el alcohol, el sobrepeso o la excesiva exposición al sol. 

La importancia de ser donante 

Además de la quimioterapia y la radioterapia, existe el trasplante de médula ósea. En este tratamiento se destruyen las células malignas para reemplazarlas por células madre sanas. Desgraciadamente, ser familiar no asegura la compatibilidad del donante. En esta particular búsqueda de la media naranja es indispensable que se registren el mayor número de personas posibles.

Por suerte, España conseguía su máximo histórico el año pasado. Se espera que para 2020 se alcance el objetivo establecido de 400 000, atendiendo al Plan Nacional de Médula Ósea (PNMO).

Los jóvenes entre los 18 y los 40 años, son los donantes de médula idóneos, según la evidencia científica. En contraposición, el 67% de donantes incluidos en el registro son mujeres y el 33% hombres. 

Para profundizar más, la Fundación Josep Carreras contra la Leucemia, junto a la información escrita, incluye una serie de vídeos e infografías que divulgan desde el desarrollo de la enfermedad al proceso de donar médula.

Bibliografía:

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