Estos microorganismos guardan interesantes secretos sobre la resistencia contra el cáncer

El mundo de los microorganismos es muy grande y complejo, y está formado por todos los organismos invisibles al ojo humano que nos rodean. Un ejemplo de microorganismo multicelular marino sería Trichoplax adhaerens, al que podríamos denominar el animal más simple que se conoce. Es tan único que se le ha ubicado en su propio filo, pero lo que hoy nos interesa de él es su capacidad para resistir al cáncer. El Dr. Angelo Fortunato, uno de los investigadores de la Universidad de Arizona, relata cómo el T. adhaerens puede resistir altas dosis de radiación gracias a su maquinaria de reparación genética y a que las células dañadas son además expulsadas de su cuerpo. Su estudio podría arrojar luz sobre ciertos procesos a los que imitar en la lucha contra el cáncer.

La aparición de mutaciones en ciertos individuos es un arma de doble filo: Por un lado permiten la evolución de la especie mediante la aparición de cambios espontáneos y una criba de los resultados llamada selección natural, y por otro han de existir herramientas de reparación y control de cambios del ADN, para que exista un equilibrio entre las dos fuerzas. Sin embargo son estas mismas artimañas las que utiliza el cáncer para mejorar su capacidad de supervivencia evitando el sistema inmune corporal: Los tratamientos como la radiación y la quimioterapia pueden ejercer una presión selectiva sobre las células tumorales, favoreciendo la supervivencia de las cancerosas en detrimento de las sanas (justo al contrario de lo que se pretendía).

Otro aspecto que impulsa a los científicos a estudiar la bioquímica que rodea a los ácidos nucléicos en los seres unicelulares es la capacidad de algunas especies a tener bajísimas tasas de aparición de cáncer, ya sea evitando que ocurra en primer lugar (con unos mecanismos de copia del ADN altamente fiables), o bien poseyendo una maquinaria de reparación potente del ADN. Este último caso es el que se da por ejemplo en ballenas, cuyo tamaño propicia una frecuente división celular, que evita la aparición del cáncer gracias a que poseen varias copias del gen supresor de tumores TP 53. Cuando TP 53 no puede reparar el daño en los cromosomas, se activa un mecanismo de autodestrucción celular llamado apoptosis.

Ya sea de una manera u otra, todas estas herramientas tienen potencial para dar lugar a nuevas fuentes de comprensión sobre cómo aparece el cáncer en el cuerpo humano, y poder así utilizarlas en su contra en el diseño de estrategias que podrían evitar la aparición de nuevas células tumorales.

Bibliografía

  • Eeles, R A. «Germline Mutations in the TP53 Gene». Cancer Surveys 25 (1 de enero de 1995): 101-24.
  • Fortunato, Angelo, Alexis Fleming, Athena Aktipis, y Carlo C. Maley. «Upregulation of DNA Repair Genes and Cell Extrusion Underpin the Remarkable Radiation Resistance of Trichoplax Adhaerens». PLOS Biology 19, n.o 11 (17 de noviembre de 2021): e3001471. https://doi.org/10.1371/journal.pbio.3001471.
  • Srivastava, Mansi, Emina Begovic, Jarrod Chapman, Nicholas H. Putnam, Uffe Hellsten, Takeshi Kawashima, Alan Kuo, et al. «The Trichoplax Genome and the Nature of Placozoans». Nature 454, n.o 7207 (agosto de 2008): 955-60. https://doi.org/10.1038/nature07191.

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