El embarazo puede reducir el riesgo de cáncer de mama

El embarazo es una de esas partes de la biología humana que siempre despierta fascinación, quizás por ser al mismo tiempo un suceso al que estamos relativamente habituados (ya sea porque seamos mujeres y lo experimentemos por nosotras mismas, bien porque alguna persona de nuestro círculo cercano se halle encinta), o simplemente por la curiosidad que nos genera la capacidad de la vida de autoreplicarse.

En cualquier caso, quedarse embarazada supone toda una serie de cambios fisiológicos en el cuerpo, los cuales son necesarios, entre otras cosas, para preparar a la madre ante los problemas que podría generar el crecimiento de un organismo genéticamente distinto dentro de ella. Los que más conocemos son los hormonales, pero también se producen alteraciones estructurales a niveles muy basales, como por ejemplo en el propio ADN.

ADN, la molécula clave

El ADN es la molécula que guarda la información en la célula, tanto de los aspectos estructurales de la misma como de todas las instrucciones necesarias para vivir. Todas las células de un organismo multicelular comparten el mismo código genético, que a su vez está real (los humanos y los ratones tienen varios cromosomas) y “virtualmente” (en genes y otras estructuras, que físicamente se encuentran concatenadas una detrás de la otra) dividido en porciones.

Dichas porciones no se expresan todas a la misma vez (no están disponibles para su uso por parte de la célula), sino que la célula decide cuáles y en qué momento deben hacerlo.

Este mecanismo de control es necesario para que la célula cambie su manera de funcionar según las circunstancias ambientales, y una forma de llevarlo a cabo es enrollando la hebra de ADN alrededor de unas proteínas globulares llamadas histonas. Para que nos entendamos, las partes enrolladas no pueden ser leídas por las células, y las otras sí.

Un estudio con ratones abre nuevas vías de investigación

Un estudio reciente, en el que ha participado la profesora adjunta Camila Dos Santos del Laboratorio Cold Spring Harbor, parece haber hecho algunos descubrimientos interesantes sobre los cambios que sufre el ADN del tejido mamario de las ratonas grávidas.

Por lo visto, durante el embarazo las células del tejido mamario muestran cambios que las hace menos susceptibles al cáncer.

Uno de ellos consiste en que las histonas enrollan entre otros a un gen llamado C-MYC que frecuentemente causa cáncer, “ocultándolo” de la maquinaria celular. Por otro lado, existe una batería de genes a los que les pasa lo contrario, es decir, que se hacen “visibles” para las células y que provocan que estas entren en un estado de senescencia, un punto intermedio de la vida celular en el que ni crecen ni mueren.

Todas estas modificaciones tienen como efecto colateral la disminución de la probabilidad de sufrir un cáncer de mama. Lo que ha llevado a los científicos a plantearse abrir nuevas vías de estudios que descubran si existen mecanismos iguales o parecidos en humanos, los cuales expliquen la menor tasa de incidencia de cáncer de mama que aparece en mujeres que se quedan embarazadas a edades tempranas (25 años o menos), o a desarrollar nuevos fármacos afines a estas zonas del ADN que reduzcan el riesgo en mujeres no embarazadas.

Bibliografía

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