El consumo de chicles de menta y el cáncer no están relacionados

Cada vez tenemos más información sobre cómo están elaborados los productos alimentarios que comemos a diario, pero por desgracia esta información no siempre es fiable y correcta en términos científicos. Esto nos lleva a dudar ante falsas informaciones y bulos que cuestionan la seguridad de los alimentos en términos sanitarios, paradójicamente en una época donde no podríamos estar comiendo de forma más segura.

Hace algunos meses, surgieron una serie de noticias e informaciones en diferentes grupos y chats de Internet que vinculaban el consumo de chicles de menta con el desarrollo del cáncer. Estas informaciones señalaban directamente a los aditivos como responsables de estos daños en la salud, alegando que eran sustancias dañinas y peligrosas para el organismo.

Los aditivos son sustancias seguras

No es la primera vez que se vincula el consumo de aditivos con el desarrollo de cáncer, bien por falta de información, desconocimiento de su naturaleza o algunos bulos difundidos a lo largo de los años en torno a su seguridad.

Hoy en día, sabemos que los aditivos son sustancias seguras añadidas en pequeñas cantidades a los productos alimentarios que consumimos para cumplir una finalidad tecnológica, ya sea aportar color, aroma, facilitar la unión entre sustancias, alargar la vida útil del producto y, la más importante, evitar el desarrollo de microorganismos patógenos que pueden causarnos multitud de enfermedades.

Además, existe un parámetro denominado IDA para cada tipo de aditivo que determina la cantidad máxima diaria que puede ingerir una persona durante toda su vida sin que exista un riesgo apreciable para su salud. Estos niveles son fijados aplicando distintos factores de seguridad, y se publican a través de multitud de estudios científicos e informes de organismos de referencia a nivel mundial que periódicamente se encargan de evaluar la seguridad de los distintos aditivos permitidos. En la Unión Europea, es responsabilidad de la EFSA (Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria) emitir estos informes y asesorar científicamente al Parlamento Europeo en la toma de decisiones y aplicación de diferentes leyes reguladoras en esta materia.

La cantidad máxima de los aditivos utilizados en la industria alimentaria está totalmente regulada por la legislación, por lo que no debería ser posible  alcanzar unos niveles de exposición que entrañen un riesgo directo para la salud dentro de un consumo regular. Debemos entender que las cantidades añadidas a los productos que consumimos son mínimas y, por lo tanto, no deben preocuparnos.

¿De dónde viene el miedo hacia el óxido de titanio y el aspartamo?

Algunos aditivos concretos puestos en entredicho a raíz de estas falsas informaciones son el óxido de titanio (E-171) y el aspartamo (E-951), colorante y edulcorante respectivamente, añadidos a los chicles con una función muy concreta: hacer el producto mucho más apetecible.

El óxido de titanio (E-171) es un colorante extraído a partir de minerales y cuyo uso se destina a productos cosméticos y alimenticios, ya que les aporta un atractivo color blanco. Bien es cierto que en los últimos tiempos ha suscitado cierta polémica en países como Francia, sin embargo, tal y como señalan las últimas revisiones de la EFSA (Agencia Europea de Seguridad Alimentaria) este aditivo no es problemático ya que su absorción en nuestro organismo es bajísima.

Por otro lado nos encontramos con el aspartamo, un edulcorante que suele ser objeto de controversia con cierta frecuencia ya que puede ser problemático para personas que padecen la dolencia conocida como fenilcetonuria, una enfermedad que impide la absorción adecuada del aminoácido fenilalanina, compuesto presente en la composición del aspartamo. Sin embargo, más allá de este caso concreto, el resto de la población no debe preocuparse por el consumo de aspartamo, ya que su supuesta vinculación con el cáncer ya se desmintió hace mucho tiempo.

La seguridad alimentaria es clave

Bien es cierto que un chicle no es un producto cuyas propiedades nutricionales sean altamente destacables. De hecho, podríamos considerarlo como un alimento superfluo cuya presencia en la dieta de una persona posee poco interés nutricional.

Sin embargo, no por ello debemos atribuir falsos perjuicios a un producto que, como tantos otros, está sujeto a multitud de controles de calidad y seguridad alimentaria antes de su puesta a la venta en el mercado.

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