Cómo funciona la terapia Leap de protones contra el cáncer

En los últimos meses hemos publicado varios artículos cubriendo técnicas novedosas para combatir el cáncer, algunas de las cuales están mostrando resultados bastante prometedores. A lo largo de los años nuestro conocimiento sobre los mecanismos genéticos y bioquímicos que llevan a la aparición de los tejidos cancerosos han ido mejorando, llegando a profundizar también en aspectos muy importantes como su evolución, dinámica y expansión a otros órganos del huésped. Por eso es importante recalcar la importancia de seguir invirtiendo en la investigación, ya que los recursos que se destinan a ello acaban dando sus frutos.

Hoy os venimos a hablar de otra novedosa terapia poco llamada terapia LEAP de protones (un acrónimo de terapia de partículas biológicamente mejorada), la cual destaca por tener la capacidad de llegar específicamente a las células mutantes resistentes a otros tipos de tratamientos. La técnica en sí podría definirse como una mejora de la protonterapia, en la que el haz se concentra en un área más pequeña de lo normal.

Protonterapia, ¿qué es?

La protonterapia es un tipo de radioterapia externa, que consiste en bombardear la zona del cuerpo en la que se encuentra localizado el tumor con un tipo de partículas cargadas positivamente llamadas protones. Con esto se persigue provocar daños graves en el ADN de la zona objetivo, de manera que las células afectadas se vean incapacitadas para seguir dividiéndose y finalmente acaben muriendo. Aunque este tipo de radioterapia no resulta inocua para las células sanas adyacentes al tumor a las que alcanza, éstas tienen mayor capacidad para reparar las estructuras afectadas, ya que al contrario que muchas células cancerosas mantienen intactos los genes encargados de esta clase de tareas.

Los experimentos que se están llevando a cabo con la terapia LEAP parece ser que son especialmente efectivos contra los tipos de cáncer que tienen afectada la ruta ATM-BRCA1-BRCA2, que son una serie de proteínas que se activan cuando la célula detecta daño en su ADN para intentar repararlo. Al tener el haz de protones más concentrado de lo normal, LEAP provoca lesiones muy destructivas en el tumor, mientras que deja prácticamente intactos los tejidos de alrededor. Si además se administra un inhibidor de la proteína ATM, el resultado puede ser incluso mejor todavía, lo que abre una interesante vía de investigación para los científicos centrados en las investigaciones con radioterapia.

Bibliografía

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