Cigarrillos electrónicos, ¿qué relación tienen con el cáncer?

cigarrillos electrónicos

Tras una caída en 2014, la industria del vapeo se asienta y crece con más de 400 tiendas en España. Se acude al cigarrillo electrónico,  o e-cigs, como una alternativa para dejar de fumar, pero también se instaura como moda entre los adolescentes. Los últimos estudios y las organizaciones de salud advierten sobre sus consecuencias. Aunque se creen menos dañinos que los tradicionales, los cigarrillos electrónicos se relacionan con un riesgo superior de cáncer y otros problemas como la inflamación de pulmón.

No solo nicotina y vapor de agua

Los e-cigs están formados por tres partes ensambladas: batería, atomizador y el cartucho que alberga el líquido. Al ‘fumar’, la batería se activa y calienta el atomizador, donde se vierte el contenido que se convierte en vapor y permite a la persona inhalar nicotina u otras sustancias.

Las composiciones que dan lugar a estos aerosoles incluyen propilenglicol, glicerina y, en ocasiones, nicotina. Cuando esta última no está, se emplean elementos no regulados que varían según las marcas. De este modo, se han detectado en el vapor de estos dispositivos acroleína, formaldehído o metales pesados, entre otros.

Los efectos de estas sustancias son desconocidos a largo plazo, tanto en fumadores activos como pasivos. Los elementos tóxicos o las posibles afecciones producidas por el vapor de agua exhalado, han llevado a la Organización Mundial de la Salud (la OMS) a advertir sobre su uso.

Cuáles son los riesgos y qué dice la normativa

Una de las últimas revisiones de los cigarrillos electrónicos concluye que, junto a la nicotina, la mayoría de cigarrillos electrónicos contienen y emiten sustancias potencialmente tóxicas. Algunos productos como los mencionados formaldehído o acroleína, pueden de causar daño al ADN y mutagénesis.

Los datos apoyan la posibilidad a largo plazo de que estos dispositivos aumenten el riesgo de cáncer o resultados reproductivos adversos. Asimismo, también suponen un l enlace potencial para iniciar el consumo de tabaco tradicional, especialmente entre los jóvenes.

En España, la normativa prohíbe los cigarrillos electrónicos en edificios y transporte públicos, así como su venta a menores de edad. También están vetados en colegios y hospitales, ya que puede afectar al sistema respiratorio de niños y enfermos. Al igual que la de la OMS, la posición reguladora en España es preventiva y no se pueden publicitar directamente como herramientas para dejar de fumar.

Aunque queda por determinar si los niveles de exposición son suficientemente altos como para contribuir a la carcinogénesis humana, la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica señala que su eficacia terapéutica tampoco está comprobada. Por ello, los expertos piden regular el cigarrillo electrónico como medicación para controlar su consumo indiscriminado.

Bibliografía

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