Cáncer de ovario: tres fármacos para alargar la supervivencia

El cáncer de ovario es el quinto cáncer más común a nivel mundial (con más de 3.500 diagnósticos en España al año) y el tumor ginecológico más letal. Además, en el caso del metastásico, suele detectarse tardíamente y, tras el tratamiento, hay riesgo de recaída. 

Recientemente, Barcelona ha sido sede del congreso de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO en inglés), donde se han presentado hasta tres ensayos clínicos que consolidan el potencial de los inhibidores PARP contra esta enfermedad, tanto para mujeres con mutación BRCA como para las que no.

En concreto, el estudio PAOLA ha examinado la eficacia del fármaco Olaparib (combinado con bevacizumab) en pacientes con y sin mutación BRCA. Tras el seguimiento, la media de supervivencia libre de progresión (SPL) fue de 22,1 meses para las pacientes tratadas con olaparib y de 16,6 en el grupo placebo. La experta Ana Oaknin, del Vall d´Hebron Institute of Oncology (VHIO), la considera la supervivencia libre de progresión más larga hasta la fecha.

Otros resultados positivos contra el cáncer de ovario avanzado se han dado en el ensayo PRIMA (dirigido por Antonio González Martín) con Niraparib y en VELIA/GOG-3005 con Veliparib. En ambos casos, publicados en The New England Journal of Medicine, la SPL también mejoró significativamente.

Inhibidores PARP: un cambio en el paradigma del tratamiento

Se denomina PARP a las enzimas que ayudan a reparar el ADN dañado de las células, incluso cuando son cancerosas. Los genes BRCA (1 y 2) también contribuyen en esta reparación, pero cuando mutan no pueden realizarla correctamente. 

Esta alteración en los BRCA aumenta las posibilidades de tener alteraciones genéticas que deriven en cáncer, por lo que se consideran un factor de riesgo en mujeres en cuanto a padecer cáncer de ovario y de seno (aunque también se asocian a otros como el de páncreas). 

Los inhibidores PARP se engloban dentro de la Terapia Dirigida (TD), que utiliza medicamentos o sustancias para identificar y eliminar las células malignas sin dañar las sanas. El papel de estos inhibidores es detectar la programación que hace diferente a las malignas y bloquear dicha enzima para que no pueda repararlas y mueran.

Para Oaknin, los esfuerzos futuros deben centrarse en mejorar la supervivencia general de cinco años, que ronda el 45%, e incorporar la inmunoterapia como parte de la terapia de primera línea. Aunque queda saber los efectos a largo plazo, los resultados de estos fármacos inician una nueva etapa en el tratamiento del cáncer de ovario.

Bibliografía

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