Ayuno intermitente y cáncer, ¿qué sabemos sobre su utilidad?

El ayuno intermitente se cuenta entre las “modas” nutricionales más novedosas. Lo más curioso es que tras este patrón nutricional se esconden varios e interesantes beneficios para la salud. Entre ellos, ¿también se cuentan los tratamientos contra el cáncer? Varios investigadores sospechan que así podría ser. Esto es lo que sabemos por ahora.

¿Qué es el ayuno intermitente?

El ayuno intermitente es un modelo nutricional, una forma de alimentarse, que alterna entre periodos de ayuno y periodos de ingesta de alimentos. Así, existen distintos tipos de ayuno intermitente, siendo los más conocidos el ayuno 16/8, ayuno 24 y ayuno 48, aunque también existen muchos otros.

Estos números hacen referencia a las horas. Por ejemplo, el ayuno 16/8 consiste en realizar periodos de ayuno de 16 horas, seguido de periodos de alimentación de ocho horas. El de 24 significa un día para comer y otro para ayunar. Durante este tiempo de ingesta no se puede comer cualquier cosa, sino que ha de seguirse una alimentación sana y estructurada, pero solo se puede comer en esa ventana de tiempo. Sí que se puede (y se debe) beber agua u otros líquidos poco calóricos.

¿Para qué sirve?

Aunque los estudios al respecto son modestos todavía, lo cierto es que la evidencia señala cada vez con más fuerza que el ayuno intermitente tiene diversas consecuencias beneficiosas para el organismo. Las revisiones científicas indican que ayunar durante 12 o 20 horas seguidas, que es el periodo analizado que más beneficios representa, puede reducir los factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas o, incluso, revertir alguna de sus consecuencias.

También se ha encontrado una menor incidencia de enfermedades neurodegenerativas entre los practicantes. Entre los beneficios del ayuno, se ha encontrado que ayuda a reducir la edad metabólica y a mejorar la neuroplasticidad. Otros beneficios descritos en la literatura científica son la mejora de la sensibilidad a la insulina, una regulación de la presión sanguínea o reducir los síntomas (no curar) de la esclerosis múltiple.

¿Y qué relación tiene con el cáncer?

Entre los beneficios encontrados también se haya una mejora en la incidencia y gravedad del cáncer. Es más, algunas líneas de investigación están ahondando en este aspecto, poco conocido, de los ayunos controlados como complemento a la quimioterapia.

¿Y cómo lo hace? Por desgracia, todavía es demasiado pronto para lanzarse a sacar conclusiones. Lo que se ha observado es una menor incidencia, como decíamos, y varias mejoras en el pronóstico de algunos cánceres concretos. Sin embargo, todavía no contamos con evidencias fuertes que permitan hacer reflexiones al respecto.

Lo que sí sabemos es que el ayuno intermitente, bien hecho y con una alimentación adecuada, algo imprescindible en su práctica, tiene muchos beneficios y pocos o ningún perjuicio para la salud. ¿Cómo nos ayudará contra el cáncer? Es solo cuestión de tiempo que lleguemos a comprenderlo bien.

Bibliografía

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